Criar lombrices es más fácil de lo que parece. Esta guía te acompaña desde el primer día, sobre todo los primeros, que son los que definen todo.
Tu kit trae todo para arrancar bien:
Primero vas a necesitar el contenedor armado. En Dónde viven te mostramos las opciones que recomendamos —si estás empezando, la torre enterrada es la más segura—. Con eso listo, colocás los elementos del kit en este orden. Sin apuro.
Lugar fresco y a la sombra, sin sol directo ni lluvia encima. Cerca de casa, para verlo seguido.
Va abajo, como colchón. Tiene el ambiente justo para que las lombrices se refugien ahí ante cualquier cambio.
Sacá de la caja el sustrato con las lombrices y ponelo sobre el chipeado. Va solo el sustrato, sin la caja ni los envoltorios.
Mojá la mezcla de material seco hasta que quede como esponja exprimida, y cubrí todo el lecho con ella.
Esperá 2 o 3 días a que se acomoden. Después, poco alimento sobre el lecho, y tapá siempre con secos.
Alimentar de más en la primera semana. La comida sin comer se pudre, y ahí empiezan el olor, las mosquitas y los problemas. Poco y seguido le gana a mucho de golpe.
Es la lombriz roja californiana. Saber cómo es te ayuda a entender qué necesita.
Es una lombriz de superficie, no de tierra. Vive en lo que se descompone arriba, no cava túneles profundos. Por eso se cría en camas o composteras, no tirándola al jardín.
Cada espacio tiene su sistema. Estas son las opciones que recomendamos; tocá una para ver cómo se arma. Si estás empezando, andá por la torre enterrada.
Es la que recomendamos para arrancar, y por buenas razones. Son baldes perforados enterrados, en contacto con la tierra: el suelo los mantiene frescos en verano y templados en invierno, y la humedad queda pareja sola. Lo mejor para quien empieza: si algo se te va de las manos y fermenta, las lombrices pueden escaparse hacia la tierra en vez de morir. Perdona los errores como ninguna.
Baldes apilados y perforados, apoyada. No se entierra: va en cualquier rincón, balcón, patio o cocina. La más flexible si querés poder moverla, aunque pide un poco más de atención que la enterrada.
Una de las preguntas que más nos hacen, y la respuesta es sí: los cajones de pesca apilados y perforados funcionan muy bien, y son de lo más accesible para arrancar. La lógica es la misma que la torre modular, así que ese video te sirve de guía mientras tanto.
Aislada, profunda y cómoda de manejar. Una buena opción para dar un salto de volumen si tenés una en desuso.
Para más volumen. A cielo abierto o bajo techo según el clima. Ideal cuando ya tenés varias andando y querés producir humus en serio.
Buen drenaje (agujeros abajo), aislación del frío en invierno, sombra y ventilación en verano, y siempre material seco a mano.
La base de todo. Una lista simple para tener a mano y evitar el 90% de los problemas.
Un truco que cambia todo: precompostar. Mezclá los restos frescos con material seco, mitad y mitad, en un balde con tapa. Dejalos reposar de 7 a 12 días, revolviendo cada 2 o 3 días. Están listos cuando pierden la forma y huelen a tierra húmeda. Llegan más blandos y las lombrices los procesan más rápido, sin olores ni mosquitas.
Poco y seguido, y solo cuando ya casi no queda del alimento anterior: nunca por fecha fija. Poné la comida en la superficie, en capa fina, y tapala siempre con hojas secas.
Después de la comida, la humedad es lo que más define que la colonia esté cómoda. Es simple de sostener.
El punto justo: el lecho húmedo al tacto pero sin chorrear, como una esponja exprimida, y sin zonas secas y duras.
Cómo regar: con regadera o pulverizador, en lluvia fina y pareja. Nunca con manguera ni a chorro fuerte: hace zanjas y encharca, y eso las perjudica.
Cada cuánto: no hay regla fija, se mira el lecho. Si la superficie se ve seca, las lombrices bajan y conviene regar un poco. Si arriba hay actividad, la humedad está bien. La capa de secos por encima ayuda a que no se seque tan rápido.
En la Patagonia el clima manda. Tocá la estación para ver qué cuidar.
Aislá del frío. Mantené el contenedor lejos del suelo helado y del viento. Usá cartón, madera o telgopor por debajo y a los lados.
Ubicación protegida. Contra una pared, bajo techo o dentro de un galpón.
Cubrí con material seco. Una capa gruesa de hojas o cartón trozado aporta calor y mantiene la humedad.
Menos comida y no revuelvas. Comen más lento; dales menos. Y cada vez que abrís se pierde calor: hacelo lo justo.
Nunca al sol directo. Media sombra, maderas o techo para que el sustrato no se recaliente.
Cuidá la humedad. Se seca rápido; regá más seguido con pulverizador o regadera, nunca a chorro.
Ojo con el recalentamiento. Si está muy caliente al tacto, aflojá el material, agregá cartón seco y buscá sombra urgente.
Alimentá en capas finas y ventilá. Montones de comida fermentan y generan calor. Y aseguráles circulación de aire.
Si pasaron unos días o semanas y notás algo raro, tocá lo que estás viendo y te decimos qué hacer.
El premio: un abono negro, con olor a tierra mojada y sin rastros de comida. Suele estar listo entre los 3 y 6 meses.
¿Cómo saber que está listo? El material se ve parejo, oscuro casi negro, de textura suelta, sin restos de hojas ni cáscaras. Y hay menos lombrices en esa zona: ya migraron hacia donde hay comida fresca.
El más recomendado, porque casi no las tocás. Dejá de alimentar una zona y empezá a poner comida fresca en el otro extremo o en una bandeja arriba.
Las lombrices migran solas hacia el alimento nuevo. Después de 1 o 2 semanas, cosechá el humus de la zona vieja, que va a estar casi sin lombrices.
Volcá el contenido sobre una mesa o lona en montañitas. Con luz de sol o linterna, esperá unos minutos: las lombrices bajan buscando oscuridad.
Sacá la capa de humus de arriba y repetí hasta llegar a las lombrices. Reintegralas al criadero.
Nunca al sol directo. Guardalo en bolsa o balde con tapa, sin cerrar hermético. Si está muy húmedo, dejalo orear a la sombra uno o dos días antes de embolsar.
Cosas que se dicen por ahí, y lo que realmente pasa.
No hace falta nada de esto para criar tus lombrices con éxito. Es para quienes quieran ir más allá, sobre todo si te interesan los cultivos naturales. Si recién empezás, podés saltearlo tranquilo y volver más adelante.
Un suelo vivo (living soil) es un sistema donde la planta se nutre sola, por biología: se alimenta el suelo, no la planta. Ahí tus lombrices tienen un papel concreto.
Un dato que sorprende: las lombrices no son obligatorias para un suelo vivo. Se sostiene por microbiología y materia orgánica. Pero cuando están, aceleran y estabilizan todo el sistema.
Ojo con esto, porque es la clave: no fertilizan a la planta directamente. Trabajan sobre el suelo, y el suelo alimenta a la planta.
Colocá el núcleo sobre el sustrato, sin enterrarlo profundo.
Cubrí con hojas secas u otro mulch, y mantené humedad moderada.
No sobrealimentes, y nunca entierres alimento fresco: siempre en superficie y tapado.
Las lombrices se reparten solas según cómo esté el sistema.
Si usás fertilizantes químicos líquidos de forma regular.
Si el sistema se seca por completo entre riegos.
Si removés o volteás el sustrato seguido.
Si el volumen es muy chico, tipo maceta pequeña.
Construir un suelo vivo desde cero es un tema más profundo, y lo tenemos documentado paso a paso en una guía completa. Esa guía acompaña a nuestras bolsas de humus de lombriz. Así que si querés sumar nuestro humus a tu cultivo —y con él, la guía—, escribinos y te contamos.
Ya tenés lo básico para arrancar con éxito. Esto se aprende haciendo, observando y ajustando.
Observá y aprendé de tus lombrices. Son excelentes maestras: te dicen todo con el olor, la humedad y su actividad.
Compartí tu experiencia. Contale a otros, animá a tus vecinos, mostrá tu sistema.
Consultanos cuando lo necesites. Estamos para acompañarte en cada etapa.